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Abril 12, 2018

Joseph Ramos Quiñones:

La celebración, cada 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer (en memoria del pavoroso incendio que en 1911 mató a 123 operarias de la industria camisera Triangle Waist en New York), nos recuerda a las pioneras que desde fines del Siglo XIX lucharon por conquistar la igualdad de derechos plenos entre hombres y mujeres.

Sin embargo, más de un siglo después, el mundo aún enfrenta un escenario de desigualdad generalizada, expresada tanto en una participación poco equitativa dentro de los segmentos estratégicos de la economía industrial, como en salarios que aún no se equiparan, a pesar de los esfuerzos de diversos gobiernos y organismos internacionales.

Más aún, hoy nos encontramos en medio de una portentosa era conocida como Cuarta Revolución Industrial, donde la transformación digital sacude con fuerza tremenda todos los cimientos de la sociedad. Un proceso que bien puede significar pérdidas de puestos de trabajo y mayor inequidad salarial, si no se adoptan desde ya las medidas pertinentes.

Educación gratis y pensiones más altas

En este escenario de cambios mundiales, Chile todavía vive una fuerte división sexista del trabajo que se expresa tanto en el tipo de ocupaciones que principalmente desarrollan las mujeres (tales como comercio y servicios), como en las menores remuneraciones que reciben, las cuales equivalen como promedio a sólo un 70% de lo que recibe un hombre en el mismo puesto o cargo.

A ello hay que sumar el hecho de que las mujeres se han incorporado al mundo del trabajo sin abandonar los roles tradicionalmente asignados; por tanto, junto con el trabajo siguen siendo las principales responsables de la mantención de la casa y el cuidado o educación de los hijos, lo cual ha derivado en que muchas se desempeñen en jornadas parciales que generalmente no están sujetas a ningún tipo de regulación; además de generar menores ingresos.

Por ello, en nuestro país la participación femenina en el sector sigue siendo muy pequeña, a pesar de los esfuerzos realizados en ciertos sectores como la minería, la construcción, la acuicultura o la explotación forestal, pues según cifras de Cepal, ratificadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en este segmento sólo se desempeña un 11% de mujeres.

Las mismas cifras establecen que en la industria pesada la proporción laboral sigue favoreciendo tres a uno a los hombres, relegando a las mujeres a empleos en fábricas textiles; de confección de vestuario, cuero y calzado; alimentación; y, en menor cantidad, producción química y metalúrgica.

Un escenario que el destacado académico Joseph Ramos Quiñones, Ph.D. en economía de la Universidad de Columbia, ex decano de la Facultad de Economía, actual profesor titular de la Universidad de Chile, ex director de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la Cepal, economista del Programa de Empleo para América Latina y el Caribe (Prealc) de la OIT e investigador de la Flacso en temas de desarrollo, tecnología y empleo, analiza en detalle, destacando con cifras a la mano el enorme impacto benéfico que tendría para toda la economía nacional un desarrollo equitativo y justo del empleo femenino en la moderna sociedad industrial.

- A su juicio, ¿cuál ha sido la participación real de la mujer en la moderna sociedad industrial chilena?

La mujer participa de dos maneras en la economía: 1) en el trabajo del hogar, que, aunque no figura en el PIB, es efectivamente un importante aporte a la sociedad; y 2) en el trabajo en el mercado. Actualmente del orden del 50% de las mujeres mayores a 15 años participan en el mercado, cifra que ha venido en ascenso, ya que en 1990 esta cifra era del orden del 35%.

- ¿En qué sectores su aporte ha sido más notorio?

En el mercado laboral las mujeres participan en todos los sectores, aun cuando hay una mayor participación en servicios (incluyendo educación y salud, así como asesoras del hogar) y comercio (en particular el comercio al por menor).

- ¿Es posible cuantificar este aporte de la mujer, en cifras, resultados o estadísticas de producción?

Se estima que cada 100.000 mujeres que trabajan en el mercado elevan el PIB en alrededor de US$ 1.500 millones al año. De ahí que si alcanzáramos la tasa de participación femenina de los países desarrollados de la OCDE (sobre 60%), nuestro PIB sería 6% mayor; o sea, US$ 15.000 millones al año más. Esto implica que el ingreso tributario sería sobre US$ 3.000 millones; es decir, lo suficiente para: financiar la gratuidad universitaria en régimen del 60% más modesto de la población o lo suficiente para proveer de salas cuna a todos los niños de mujeres de trabajadoras, más financiar CFT para todo joven que actualmente egresa de enseñanza media y no sigue estudios superiores y tener también pensiones 20% más altas para todos. ¡Es muy importante!

- ¿Hay factores sociales que aún inciden en una menor presencia de la mujer en el moderno sector industrial chileno?, ¿cuáles serían y cómo se pueden evitar?

La actual Ley de Sala Cuna dificulta la contratación de mujeres, ya que una empresa que tenga más de 20 mujeres tiene que financiar las salas cuna de sus madres. De ahí que se desincentiva la contratación de mujeres. Mejor sería que se proveyera de salas cuna a todo niño de madre trabajadora, financiado de las cotizaciones, tanto de hombres como de mujeres, y de todas las empresas, independiente del número de mujeres que contrata.

Hay una segregación ocupacional de facto entre oficios/profesiones de %u201Ccuidado%u201D en educación y salud, típicamente ocupado por mujeres a salarios bajos y oficios/profesiones productivos, típicamente ocupados por hombres con salarios normalmente mayores. En parte esto se debe a factores culturales, pues se induce mujeres para las primeras, pero se las desincentiva para las segundas. Pero también se debe a discriminación, resabio del pasado, cuando los trabajos productivos eran %u201Cpesados%u201D y requerían fuerza.

- ¿Qué pasos debe seguir la sociedad para alentar la participación femenina en la moderna sociedad industrial?, ¿estamos muy retrasados frente a las realidades del mundo desarrollado o la propia América Latina?

Primero que todo, cambiar la Ley de Sala Cuna como lo mencioné antes, y además realizar una acción %u201Cafirmativa%u201D en educación y formación. Es decir, activamente intentar que no menos del 30% de los cupos educacionales en las distintas carreras y oficios se reserven para mujeres. En efecto, y, por ejemplo, no se pueden contratar mujeres en equipos pesados si no hay mujeres con esa formación. Primero, pues, hay que formar mujeres en esos oficios/profesiones %u201Cmasculinos%u201D. Una vez hecho esto, inducir a las empresas a contratar. Más que cuotas a la contratación, hay que incentivar cuotas en la educación, formación y capacitación.

Finalmente debemos empoderar económicamente a la mujer, colocándola con iguales derechos económicos, sobre su patrimonio, que el marido. Actualmente se la trata como si fuese menor de edad.

- El Foro Económico Mundial reunido en Davos, Suiza, concluyó que los empleos femeninos se verán más afectados por la automatización y robotización. ¿Cree usted que la creciente importancia de las modernas Tecnologías de la Información afectará positiva o negativamente la participación laboral de la mujer?

A corto plazo puede ser negativo, ya que muchos de los trabajos rutinarios más susceptibles de automatizar son realizados por mujeres (administración y comercio). Pero creo que a la larga le ayudará, ya que gracias a la nueva tecnología será cada vez más factible trabajar desde la casa.

- ¿Veremos cambios efectivos en corto o mediano plazo en términos de mayor o menor participación de la mujer?

La participación femenina seguirá en ascenso, ya que sube mientras mayor sea el nivel de educación, menor la fecundidad, mayor los implementos hogareños que le ahorran trabajo a la dueña de la casa (microondas, comida preparada, lavadoras secadoras, refrigeradores, etc.), mayor el crecimiento del sector %u201Cterciario%u201D (comercio, finanzas, administración pública, educación, salud, servicios), y mayor las fuerzas culturales que traten a la mujer con igualdad. Y todos estos factores vienen creciendo con fuerza.


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